Llegan los policías a la escena del crimen y dicen: —¿Cómo murió la víctima? —Le golpearon con una guitarra, con un violín y con un bajo. —Vaya, todo concuerda.
En un control de alcoholemia… —Buenos días, nombre y apellidos, por favor. —Soy Najwa Nimri. —Joder, ¡cómo va esta!
En una tienda de electrodomésticos… —¿Cuánto cuesta esta estufa? —10.000 euros. —¡Qué estafa! —No, ¡qué estufa!
—¿Qué tal el concurso de deletrear? —Fatal: f, t, a, a, l.
En un control policial: —¿Por qué no se detuvo al escuchar la sirena? —Porque la sirena es un ser mitológico.
—Oye, tía, que me he hecho un test de embarazo. —Ala, ¿y qué te han preguntado?
—Entonces, ¿me vas a conceder los tres deseos? —Te voy a conceder una mierda. —¡Vaya genio!
Un amigo le dice a otro: —Oye, Pepe ha muerto. ¿Qué hacemos? ¿Vamos al tanatorio? —Ay, qué pereza. Hacemos la ouija y mejor que venga él.
—Hija, ¿tú tienes novio? —Sí, papá. —¿Y quién es? —¿Recuerdas a Manual Antonio, el farmacéutico que es hijo del médico al que le robó la moto un yonqui la semana pasada? —Sí. —Pues el yonqui.
—Perdona, ¿trabaja usted aquí? —No, coloco los yogures por hobby.
Un hombre de 93 años va al médico y le dice: —Doctor, que la nutria no responde a la llamada. Ahora estoy viudo y el otro día tuve un plan, pero no había manera de despeinar la cotorra. —Hombre, don Atilano, usted ya tiene una edad. Todos nacemos con un máximo de 3.000 petardos. Con todas las relaciones que ha tenido, ya los habrá gastado. Don Atilano se va a casa, hace las cuentas y vuelve al médico. —Mire, doctorcito, a mí me salen 2.400. ¡Me faltan 600 para los 3.000! —Es que también hay que contar los que le han explotado en la mano.
—Cariño, esto no es lo que parece. —¡Maldito hijo de puta, si sabes planchar!
—Pues mi psiquiatra dice que escriba cartas a personas que odio y luego las queme. —¿Y qué tal te va? —Muy bien, pero luego no sé qué hacer con las cartas.
—Paco, ¿has cogido mi libro de psicología femenina? —No sé, tú sabrás.
Un hombre nació el día 5 del mes 5 del año 55, a las 5:55 de la mañana. Se casó 5 veces y tuvo 5 hijos. El día que cumplió 55 años salió a caminar y se subió al autobús de la línea 5. Se bajó en la quinta parada, justo delante del hipódromo. Entró y estaban a punto de empezar la quinta carrera. Se acercó al mostrador y preguntó: —¿Qué caballo se paga bien? —El número 5. El hombre, convencido de que era una señal, apostó todo lo que tenía: ¡55.555 dólares! Empieza la carrera y… ¿adivinas qué pasó? ¡El caballo quedó quinto!
Dos amigos le dice uno al otro: -Mi mujer es india, se llama Flor de Azahar -¿Es comanche? -Si, comanche intercalada...
¿Qué le dice una silla millonaria a una silla pobre? Pobresilla...